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¿Qué es la Dislexia y Cómo Podemos Ayudar a Nuestro Hijo con Dislexia?

La palabra dislexia no era desconocida para mi. Una prima tres años menor que yo, fue diagnosticada cuando ella tenía ocho o nueve años. Siempre pensé que no debía de ser algo muy preocupante porque no era un diagnóstico que implicase discapacidad intelectual. Yo creía, como muchas personas, que la dislexia era un problema de procesamiento de la lectura y que, una vez encontrado el truco para redirigir ese procesamiento, habíamos ganado la batalla contra ella.

Hace unos días tuvimos que enfrentar este diagnóstico en casa. Tuve sentimientos encontrados, tengo que reconocerlo. Por una parte, es un alivio saber por fin cual es la causa de tanta frustración y de ese rechazo a la lectura y a todo lo que rodea: colegio, escritura, tareas… Por otra parte, sentí mucha preocupación porque me di cuenta de que no tenía ni idea de lo que suponía tener dislexia ni sabía como abordar el diagnóstico. Me acordé de mi querida prima y en menos de 24 horas nos dio toda la información que necesitábamos para entender lo que estaba sucediendo en la cabecita de Roque.

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Ella es una mujer impresionante, brillante, creativa, luchadora, sociable, sensible… es docente, docente del tipo que debería abundar más en las aulas. Precisamente se hizo docente para ayudar a otros niños que, como le pasó a ella siendo niña, sientan y crean firmemente que son menos que los demás porque luchan contracorriente en las aulas, no por ser menos sino porque su proceso de pensamiento no es el habitual y previsto en el sistema educativo.

Me dejó un tesoro que desde ese día tengo siempre cerca, un libro sobre dislexia escrito por un docente con dislexia. El libro se llama “El Don de la Dislexia” y, aunque es ya muy viejo, está descatalogado y algunos de sus términos están ya obsoletos, en esencia es una maravilla.

Ronald D. davis, autor del libro, expone que la dislexia ha sido considerada durante muchos años como una mera disfunción y que cuando los padres nos enfrentamos a este diagnóstico, pensamos que es un “problema leve” y de fácil solución pero en realidad, la dislexia no se soluciona, el disléxico lo será toda su vida y lo realmente devastador para mi, fue leer que sus dificultades asociadas han hecho que millones de niños pasen una infancia infeliz. Esto mismo me dijo mi prima y me habló de como se sentía en el aula cuando veía que la maestra mandaba a leer por orden de lista y tendría que leer en voz alta delante de toda la clase. Miraba el reloj y rezaba para que pasara el tiempo rápido, que no le tocara aquel día, que no tuvieran que escuchar su torpe voz de robot mientras lo hacía, que no le preguntase la maestra por lo que había leído… y es que el auténtico problema de la dislexia, es que se convierte en un grave problema de baja autoestima.

Fue justo por esa necesidad de retomar este problema y descubrir el lado positivo de la dislexia por lo que que Ronald D. Davis, disléxico además de un maravilloso escritor, decidió escribir el libro que cayó hace tres días en mis manos. Este libro me ha hecho evolucionar en tres días desde la preocupación a la felicidad y la tranquilidad de saber como procesa la cabecita de Roque la información que le llega del mundo que le rodea. Según el autor, la dislexia es una forma positiva de aprendizaje que algunos seres humanos poseen.

¿QUE ES LA DISLEXIA?

cuando escuchamos la palabra dislexia solo pensamos en los problemas de lectura, escritura, ortografía y matemáticas a los que los niños se enfrentan en la escuela. Muchos, entre los que yo me encontraba hasta hace unos días, lo asocian con cambios en el orden de las palabras y letras. Otros, con un aprendizaje lento y complicado. Casi todos lo asociamos con incapacidad o dificultad para aprender, pero esa dificultad es sólo un aspecto de la dislexia.
Pensando en todos aquellos famosos genios que tuvieron o tienen dislexia, podríamos pensar: “es sorprendente que hayan llegado a ser genios a pesar de ser disléxicos”. En realidad, su genialidad no fue a pesar de la dislexia, ¡sino gracias a ella!
Albert Einstein, Thomas A. Edison, Alexander Graham Bell, Leonardo Da Vinci, Walt Disney, George Patton, Wiston Churchill, Cher, Whoopi Goldberg, Tom Cruise, Greg Louganis, Jackie Stewart…

La misma capacidad mental que permite la genialidad, es la causa de los problemas. Esta capacidad mental es una habilidad natural, un talento escondido. Este talento hace que las personas con dislexia compartan estas habilidades básicas:
· Alteran o crean percepciones.
· Son altamente conscientes de su entorno.
· Son más curiosos que el promedio.
· Piensan más con imágenes que con palabras.
· Son muy intuitivos y perspicaces.
· Piensan y perciben multisensorialmente.
· Pueden experimentar el pensamiento como realidad.
· Tienen una gran imaginación.
Si estas cualidades no son destruidas por el proceso educativo, darán como resultado dos características: una inteligencia por encima de la media y una extraordinaria capacidad creativa.
¡Esto convierte a la dislexia en un DON y no en un problema!

la dislexia no es el resultado de un daño cerebral o neurológico, tampoco es causada por una malformación del cerebro, del oído interno o del globo ocular. La dislexia es un producto del pensamiento y una forma especial de reaccionar ante el sentimiento de confusión.

Las personas pensamos tanto en el modo verbal como en el no verbal. El verbal es lineal y sigue la estructura del lenguaje. Este pensamiento se produce casi a la misma velocidad que el habla. El pensamiento no verbal es pensar con imágenes mentales y este pensamiento es evolutivo; la imagen crece a medida que el proceso de pensamiento agrega más conceptos. El pensamiento no verbal es miles de veces más rápido que el verbal, es subliminal y está fuera de la conciencia.

Aunque pensamos de las dos formas, tendemos a especializarnos en una de ellas y utilizamos la otra como modo secundario. El pensador disléxico es potencialmente no verbal: es una persona que piensa en imágenes.
Las palabras que describen cosas o acciones reales, no causan problemas a los disléxicos (perro, flor, casa, comer, volar…). Sin embargo, para un pensador no verbal es imposible pensar con palabras que no se puedan sustituir por imágenes. Por ejemplo, aunque un niño con dislexia sepa como es la letra a o la y, no puede pensar con ellas porque no se pueden hacer una imagen mental de ellas. Cuando leen una a, una y o un el, al no poder comprenderlas más allá del reconocimiento de las propias letras, no pueden imaginar su significado.
Un pensador verbal sin embargo, alguien como tú o como yo, no tendremos ese problema porque crearemos una imagen del significado de la frase solo después de haber terminado de leerla. Aunque no sepamos el significado de estas palabras, no importará porque al leerla la hemos escuchado mentalmente.

Vamos a imaginar a un niño con dislexia leyendo: cada vez que el proceso de creación de imágenes se interrumpe (al encontrar una palabra imposible de trasladar a imagen), el niño experimenta un sentimiento de confusión porque la imagen que está componiendo se hace cada vez más incoherente. Empieza a ocupar subliminalmente los espacios en blanco (espacios incomprensibles para él) y sigue hacia delante gracias a un esfuerzo de concentración, pero solo consigue estar cada vez más confuso. Pronto alcanzará el umbral de la confusión. Llegados a este punto, el niño se desorienta y los símbolos, la lectura y la escritura, le resultan muy difíciles de utilizar.

La dislexia en acción:

Hay alrededor de 300 palabras en español que ocasionan problemas adicionales a los disléxicos. Son aquellas que están dentro del vocabulario hablado de forma cotidiana, de las que no se pueden crear imágenes mentales a partir de sus significados. Esto quiere decir que una persona con dislexia utiliza más de 300 palabras en su lenguaje, que no pueden utilizar en su pensamiento. Esas palabras (aparentemente las más sencillas)son los detonantes de su confusión y, por lo tanto, estímulos para sus síntomas de dislexia.
Estas palabras detonantes son de significado abstracto o con varios significados y hacen que las personas con dislexia tropiecen con ellas porque no representan objetos visuales o acciones. Podríamos decir que además de estas casi 300 palabras, cualquier palabra cuyo significado desconozca el niño con dislexia, podrá actuar como detonante.
Estas palabras generan automáticamente una imagen en blanco cuando se lee y corta el hilo de la historia que se lee. El grado de concentración de este niño con dislexia para poder sobrepasar una imagen en blanco, produce un efecto muy negativo.

cuando las desorientaciones comienzan a producir errores, el niño con dislexia se frustra. Alrededor de los nueve años, empieza a encontrar, imaginar y adoptar soluciones para ese problema y esto no es bueno. Los comportamientos que inventan ellos mismos no resuelven el problema, solo proporcionan un alivio temporal a su frustración. Estos métodos son el auténtico problema de aprendizaje. Esas muletillas de aprendizaje se transforman con rapidez en comportamientos compulsivos automáticos que podrían ser de estos tipos:

· Concentración profunda: esta es la peor de las soluciones que adoptan los niños con dislexia. Se concentran y comienzan a leer lenta y laboriosamente. La lectura se hace desagradable y penosa para ellos. No querrán leer por placer porque no existe placer en la concentración profunda. Prestar atención a algo interesante, es divertido. Sin embargo, concentrarse en algo que te ataca no resulta divertido.

· Hazlo para mí: para algunos, la solución mas sencilla es hacer que otras personas lean y escriban en vez de ellos.

Dime cómo lees y te diré si tienes dislexia:

Entre las mil maravillas que encierra este libro, hay algo que creo que es necesario que cualquier familia pueda ver para saber realmente cómo lee un niño con dislexia, qué sucede dentro de su cabeza y qué armas toma él mismo para intentar solucionar por su cuenta sus problemas con la lectura. Yo he hecho la prueba con Roque y es impresionante como su lectura es tal y como va explicando paso a paso el autor.

“Para un niño de diez años que piensa con los sonidos de las palabras, una frase sencilla, como la que a continuación presentamos, le sería fácil de leer.

El caballo marrón saltó sobre valla de piedra y corrió a través del prado.

Para el niño con dislexia de 10 años, la primera palabra, el, hizo que su mente se quedara en blanco porque no había una imagen para ella. Una imagen en blanco es la esencia de la confusión; nada de lo que experimenta la persona puede igualar la confusión que aquella ocasiona. Sin embargo, con un esfuerzo de concentración, el niño ignora esa imagen en blanco y dice “el” al tiempo que se obliga a pasar a la siguiente palabra.

La palabra caballo produce la imagen de un caballo, mientras sigue concentrándose, y pronuncia “caballo”.

La palabra marrón transforma la imagen del caballo en caballo de este color. Continúa su concentración y la palabra “marrón” es pronunciada.

La palabra saltó hace que el frontal del caballo marrón se eleve al aire. Sigue concentrándose mientras dice “saltó”.

La palabra sobre hace que la parte trasera del caballo marrón se eleve. Concentrándose todavía, dice “sobre”.

La siguiente palabra, la, provoca que la imagen se vuelva en blanco otra vez. La confusión del lector se ha incrementado, pero aun no ha llegado a su umbral de la confusión. Ahora debe redoblar su concentración para pasar a la siguiente palabra. Al hacer esto, es posible que omita o no omita decir “la”.

La siguiente palabra, valla, produce una imagen de valla de cualquier tipo. Con la concentración todavía redoblada, dice “valla”.

La palabra de detiene de nuevo el proceso de creación de la imagen. Es posible que se desoriente y no diga la palabra “de”.

La palabra piedra produce la imagen de una piedra. Con la concentración redoblada dice “piedra”.

La siguiente palabra, y, borra la imagen otra vez. Esta vez se ha llegado al umbral de la confusión, por lo que el niño se desorienta. El niño se detiene otra vez, más confundido que antes, doblemente concentrado y ahora además, desorientado. Para poder continuar, la única forma que tiene es incrementar sus esfuerzos de concentración. Pero ahora, como además está desorientado, percibiendo erróneamente, los síntomas disléxicos aparecerán. Es muy posible que omita decir la palabra “y”, o posiblemente lo sustituya por “un”, “una” o “el”. En este punto, ya no está adquiriendo una percepción correcta de los símbolos alfabéticos que están sobre la página.

A siguiente palabra, corrió, es alterada a la palabra corre porque ya está desorientado. Ve una imagen de él mismo corriendo; sin relación alguna con la imagen de aquel caballo suspendido en el aire. Luego dice “corre”.

Las palabras a través se alteran. Se ve a sí mismo atravesando la calle y dice “atravesó”.

La siguiente palabra, del, vuelve a poner su pantalla en blanco. El niño se detiene otra vez, cada vez más confundido y desorientado. Su único recurso es cuadruplicar su concentración. Al hacer esto, omite decir “del”.

Para la última palabra, prado, deberá rastrear cada letra, una por una, para poder pronunciarla lo hace y ve la imagen de un lugar lleno de hierba. Aun cuando esté desorientado por el esfuerzo y la energía extraordinarios que ha empleado para identificar y pronunciar cada letra, lo dice correctamente, “prado”.

Al completar esta sencilla frase, cierra el libro y lo deja a un lado. ¡Ya es suficiente!

Cuando le preguntamos qué fue lo que leyó, es muy probable que diga algo como “un lugar donde crece la hierba”. Tiene la imagen de un caballo suspendido en el aire, una valla de piedra, él cruzando la calle y un lugar lleno de hierba, pero no puede relacionar los elementos separados en la frase para poder formar la imagen mental de la escena descrita en el libro”.

Otros problemas de aprendizaje:

Los niños con dislexia también pueden tener dificultades en el aprendizaje de las matemáticas aunque estas e deben a que el método empleado para su aprendizaje no es el más acertado. En nuestro caso, Roque es muy bueno resolviendo operaciones o descifrando los planteamientos de los problemas matemáticos. Sin embargo, siempre había que leerle el problema o los enunciados de las actividades. Ahora ya sabemos cual era el problema pero si no lo hacíamos, era incapaz de plantear el problema o resolver la actividad. Además, es primordial que el niño conozca y domine estos conceptos básicos: tiempo, secuencia y orden. Una vez dominado esto, el conteo será perfecto y el aprendizaje de las matemáticas se transformará de esfuerzo penoso en materia agradable y atractiva.

Apoyos, adaptaciones y recursos necesarios en la escuela para un niño con dislexia:

Nosotros no tardamos en reunirnos con el equipo de orientación del colegio. Días antes habíamos trazado un plan de actuación en casa y en el colegio con la ayuda de terapeutas y docentes conocidos.

Sinceramente, pensé que nunca aceptarían en el colegio todas las estrategias y adaptaciones que creíamos necesarias pero fue toda una sorpresa ver que ya habían aprobado alguna de ellas sin haberlas propuesto. Os voy a detallar todo lo que se ha modificado para que Roque gane autoestima y trabaje eficientemente en casa y en el colegio para mejorar sus dificultades de aprendizaje.

Propuestas de intervención en las materias de lengua, matemáticas, naturales, sociales e inglés:

 Lengua:
− Refuerzo en el aula.
– Adaptar textos de comprensión lectora en los exámenes para que sean más cortos y      precisos y con preguntas más directas y concretas.
− Evitar que tenga que leer en voz alta delante de la clase. Esta actividad sólo supone un aumento de su nivel de estrés y no le ayuda a la adquisición de conocimientos, ni a la construcción de su autoestima ni a su integración en el aula. Se propone que lea en voz alta de manera individual, en la mesa de la maestra mientras los demás hacen otras cosas, o con la maestra de apoyo.
− Dictados: necesita una señal visual que le ayude a separar palabras. Esta ayuda podrá ir desapareciendo poco a poco.
− Adapar criterios de evaluación: restar importancia a las reglas ortográficas (b/v, h, g/j, c/s/z, acentos…) y dar más importancia a la comprensión lectora. Si ha sido capaz de entender las preguntas sobre un texto y escribir una respuesta coherente, no debe suspender por faltas de ortografía.
− Contar con maestra de apoyo en los exámenes para que le guíe y sirva de soporte.
Necesita trabajar vocabulario de forma fonética y manipular las palabras “detonantes”, por lo que le convendrá ir al aula de AL.
Matemáticas:
− Refuerzo en el aula.
− Permitirle utilizar los dedos o cualquier otro medio. Limitar los ejercicios de cálculo mental a niveles más sencillos por el momento.
− Contar con el apoyo de la maestra para que le lean de manera individual los enunciados de los problemas una vez lo haya hecho él, si no lo ha comprendido.
Dejar que realice dibujos de los enunciados para crear una imagen visual. Necesitará más tiempo en los exámenes.
− Adaptar los enunciados de los problemas en los exámenes a textos simples y con vocabulario conocido que se haya trabajado en clase.
− Apoyo en los exámenes para guía y soporte.
Naturales y Sociales:
− Necesita aprender técnicas de estudio: subrayar textos, sacar ideas claves, hacer esquemas y mapas conceptuales… Por lo que necesita asistir a PT para que le enseñen a hacerlo.
− Adaptar los criterios de evaluación restando importancia a reglas ortográficas y dando más importancia a los conocimientos adquiridos. Si ha sido capaz de responder adecuadamente a las preguntas del examen, no debe suspender por faltas de ortografía.
Inglés:
− Debemos aceptar que por el momento, no será capaz de enfrentarse al aprendizaje de una lengua extranjera. Se propone realizar un ACI ( adaptación curricular individualizada) con el propósito de determinar unos mínimos que pueda alcanzar. Evidentemente, la utilidad ce un ACI es dar la posibilidad al alumno de aprobar. Por ello es necesario adaptar los objetivos y los criterios de evaluación.

Todo esto tiene un objetivo muy claro: hay que potenciar las posibilidades de que el niño vaya consiguiendo más confianza en él mismo al ver que va mejorando. Hay que evitar el círculo vicioso de que por mucho que se esfuerce, nunca consigue nada porque las metas están demasiado altas.

Igualmente importante es elegir bien el material complementario para trabajar desde casa las dificultades de aprendizaje causadas por la dislexia. Este material de be ser lúdico-educativo, motivador, visual… Juegos de memoria, pequeños crucigramas y sopas de letras.

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Hay que conseguir que vea las palabras, la escritura y el lenguaje como algo divertido. Hay que quitar estrés a la palabra impresa porque ya dedica doble tiempo a las tareas y hay que seleccionar bien este material complementario.

 

Bibliografía:

– El Don de la Dislexia. Ronald D. Davis. Editorial: Editex

 

Juega Conmigo: Yo También Puedo, Dame la oportunidad de Demostrártelo.

Hace algunos meses, cansada de ver tanto juguete desordenado por toda la casa, decidí hacer aquello que mi madre llamaba “limpieza de trastos”.

En mi casa tenemos asimilado que tener tres hijos y una casa perfecta, son dos cosas totalmente incompatibles. Por mucho que los niños ordenen después de jugar, siempre estará ese caótico rincón de la casa dedicado al almacenamiento de juegos y juguetes para recordarnos que ya no recuperaremos nuestro espacio, al menos por mucho tiempo.

Aquel día me cansé, me desesperé, me enfadé y decidí hacer una selección de lo que ya no era necesario tener en aquel rincón del caos.

Empecé por los puzzles, juegos de mesa y cartas y descarté unos pocos por estar incompletos o rotos. También hice otra selección de juegos para donar porque habíamos acumulado muchos juegos educativos para Olivia que ya tenía superados y con los que ya no jugaba. Una vez agrupados y clasificados, formaban una torre enorme que me hacía sentir hasta vergüenza por el dineral invertido.

Entonces, apareció Roque con un Playmobil en la mano y me dijo:
–“Mami, este tíralo también porque está roto”.
Era un Playmobil de los ochenta que había heredado de su padre, muy bien cuidado por éste y no tanto por Roque. El pobre Playmobil no había soportado muy bien el paso del tiempo y los golpes de Roque y ahora tenía una pierna menos.

Me quedé mirándolo un minuto y en seguida vi que ese pequeño juguete maltratado tenía una gran lección que dar a mis hijos.

Miré a Roque y le dije:
–”¿Por qué dices que está roto?, sólo le falta una pierna”.
–“Porque no se pone de pié y no puedo jugar con él”.
–“¡Claro que puedes jugar con él! Imagina que a tí te faltara una pierna, una mano o una oreja, ¿crees que podrías jugar?”.
–“Si, con este pulgar todavía puedo jugar a la consola y además, ¡soy el campeón a la pata coja!”

Después de aquella contestación tan ocurrente, nos pusimos manos a la obra y buscamos entre todos los playmobils, aquellos que en su día se dieron por rotos y a los que ahora íbamos a dar una nueva oportunidad. Encontramos algunos sin brazos, otros sin piernas, algunos sin manos… También había un par de ellos a los que no le faltaba nada pero no se sostenían en pie.

Buscamos también alternativas para todos ellos, dejé que Roque me dijera lo que les pasaba y cómo podríamos ayudarles para integrarlos en la alfombra de juegos. Así fue como aquellos que no se mantenían en pie acabaron a caballo o en sillas que, aunque no eran de ruedas, la imaginación hacía que lo fuesen. No importaba que al vaquero le faltasen las manos porque con su voz y sus brazos, era tan capaz como el que más de manejar al ganado. Conseguimos que la familia que se fue de safari por Africa tuviese un jeep adaptado para el padre porque sólo tenía una pierna.
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No es tan dificil dar lecciones de inclusión a nuestros hijos, no hace falta gastar dinero en los nuevos modelos del catálogo de Playmobil de muñecos con discapacidad. No penséis que no me alegra que haya compañías jugueteras que hagan esta labor de dar visibilidad a la diversidad, pero me entristece que no lo hagan de otras formas quizá más eficaces.

Podrían sacar en sus anuncios a niños de todo tipo de condición o adaptar algunos juegos y juguetes a aquel colectivo de niños que lo necesitan y que tienen el mismo derecho que los demás de disfrutar de un paseo en bici o a sentarse sin riesgo en un balancín, en un columpio o en una tabla de surf.

Por lo pronto, en esta casa ya no se tiran a la basura los muñecos a los que les falte una parte de su cuerpo, no abran los ojos, se les haya caído el pelo, etc… Todos son buenos compañeros de juego.

Roque ha aprendido una gran lección:

Todos podemos hacer las mismas cosas pero con diferentes estrategias, sólo hay que darnos la oportunidad y los medios adecuados para conseguirlo.

El Mejor Amigo de Roque Tendrá una Nueva Sonrisa la Noche de Reyes

Uno de los primeros regalos que recibió Roque, vino en un precioso envoltorio y entre las manos de mi madre. Roque todavía no había nacido y fui yo quien lo desenvolvió.

La primera vez que lo vi era una preciosidad de oso de terciopelo celeste, beige y blanco. Me enamoré de su suavidad y ternura y enseguida tuvo su lugar de honor adornando el moisés de mimbre que ya esperaba la llegada de nuestro pequeño Roque.

Unas semanas después llegó Roque a casa y desde el primer día, su oso fue un compañero para él y un aliado para nosotros.

Por su tamaño y suavidad, era perfecto para colocarlo detrás de mi bebé y así conseguir que no se diese la vuelta mientras dormía. Además Roque era aficionado al chupete y si se le escapaba, lloraba desesperado. Descubrí que si lo ponía frente a él, le sujetaba el chupe y solucionábamos el problema.

Y así comenzó la preciosa amistad entre un niño y su oso de trapo.

Roque y su oso se hicieron inseparables. Al principio sólo lo echaba de menos a la hora de dormir, era incapaz de coger el sueño si no estaba a su lado su suave y tierno oso. Con dos años y pico, ese oso de trapo fue bautizado por Roque con el nombre “Osete de la Jirafa” o como decía él, “otete iafa”, por la jirafa que tiene bordada en la tripa. Como era un nombre muy largo, al poco tiempo pasó a ser simplemente “Osete”

Entonces yo no podía ni imaginar lo que significa ese osito para nuestro hijo. Ni en un millón de años lo habría podido imaginar. Hubo quien nos aconsejó hacer desaparecer a Osete poco a poco… ¡Cómo me alegro de no haberlo hecho!

Poco después el Osete acompañaba a Roque a todas partes, era como el pequeñajo de Peter Pan. Ni que decir tiene que había que lavarlo bastante a menudo porque se ensuciaba de comida o de suciedad de arrastrarlo por el suelo. El año pasado ya estaba muy diferente a como lo conocimos pero Roque parecía no darse cuenta de ello. Nos equivocábamos como otras muchas veces, Roque si que se daba cuenta pero no le importaba. Su Osete era su amigo, lo quería y no le importaba si no estaba tan suave y bonito como antes.

Hace poco más de un año, un día vino hacia mi llorando desesperadamente porque su querido Osete tenía una costura abierta. Para él, significaba mucho más que un simple desperfecto fácil de arreglar y no dejó de llorar hasta que se lo terminé de coser y vio que podían seguir juntos. Eso nos hizo pensar a su padre y a mi que debíamos buscar un oso igual para hacer el cambio, pero esto no iba a ser sencillo porque Roque se daría cuenta.

Yo pensé una estrategia: le dije que lo íbamos a mandar al médico de los juguetes para que lo pusieran tan guapo como antes. El problema fue que ya no lo fabricaban y no pudimos encontrar ningún oso igual…

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Mientras escribo, Roque duerme abrazado a él. Duerme sin miedo porque está a su lado. Lo primero que hará mañana al despertar será buscarlo medio dormido para ponerlo delante del calentador del baño para que, igual que él y su hermana Olivia, no pase frio. Antes de bajar a desayunar, lo dejará bien arropado en la cama y volverá a buscarlo antes del baño.

Hasta hace unos meses, estaban siempre juntos pero su estado es tan delicado que lo convencimos de que era mejor dejarlo dormir. Aun así, muchas veces sube a su cuarto a por él.

Gracias Osete, gracias por acompañarle a la guardería y al cole, despedirte con un beso y volver a casa.

Gracias por darle seguridad, teniéndote a su lado nunca temió ir al médico.

Gracias por haber sido un gran aliado nuestro para conseguir que aprendiera a dormir solito.

Gracias por enseñarle que no hay que ser tierno, suave ni bonito para ser un gran amigo.

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Hace pocos días, estuvimos hablando Roque y yo sobre los regalos que le gustaría que le trajeran los reyes magos. Se me hizo un nudo en la garganta cuando, con los ojos llorosos y haciendo pucheros me dijo:
“Mamá, les puedo pedir una sonrisa para mi Osete?, es que ya no tiene su sonrisa… se le ha descosido”. Rompió a llorar y le aseguré que los reyes le traerían una nueva y preciosa sonrisa al Osete.

Roque, de mayor quiero ser como tú. No te importa que tu amigo esté descolorido y gris de tanto lavado, ni que el relleno ocupe sólo algunas partes de su cuerpo, ni que sea prácticamente transparente porque ha perdido el terciopelo, ni los remiendos… Sólo te importa que tu amigo vuelva a sonreír!

Y lo hará, mami te garantiza ese regalo de reyes para tu querido amigo Osete.