Archivo de la etiqueta: diversidad

Cuando se Agota la Paciencia, Desaparece la Diplomacia.

Hoy, por última vez en mi vida, me he tragado mis palabras, he escondido mi rabia y he mantenido la calma mientras daba una explicación edulcorada a una persona que me ha repetido aquello que he tenido que oir más veces de la cuenta.

Hoy, por última vez en mi vida, me he metido en casa y he tenido que soportar mi descomunal enfado conmigo misma por no haber respondido lo que realmente me pedía el alma.

Hoy por última vez, dejo que alguien que me daña con sus sentencias, se vaya a casa sin remordimientos y sin una buena paliza dialéctica.

Siempre agradecí mi carácter templado, la diplomacia heredada de mi padre, esa capacidad fuera de lo común de disimular y sonreir… Hoy no. Hoy he deseado ser más brusca y visceral.

Nunca más mantendré el tipo mientras alguien me dice que no he aceptado todavía el diagnóstico de mi hija, que no la acepto tal y como es o que estoy obsesionada con esto o con lo otro. Tanto su padre como yo, la aceptamos desde antes de nacer, nunca lloramos a una hija sustituida por aquella rubia linda que nos vino regalada con un diagnóstico y si lo hubiésemos hecho, habría sido algo natural ya que no todas las familias reaccionan igual ante la llegada de un hijo con diversidad funcional. Cada uno asume el diagnóstico y evoluciona como necesita o como puede.

Acepto el diagnóstico de Olivia, ella tiene Síndrome de Down y conozco bien sus dificultades y sus fortalezas. Lo que no acepto, me obsesiona y rechazo no es su diagnóstico sino lo que la sociedad le tiene preparado: un mundo paralelo, lleno de prejuicios, etiquetas y muros muy difíciles de derribar. Las personas con diversidad funcional se enfrentan al mundo en otro plano mucho más difícil. Parece haber una dimensión aparte creada para estas personas y esa es la razón de mi frustración y no otra.

¡Esto es lo que no asumo, no acepto y me obsesiona!

Mi hija es PERFECTA y la RESPETO tal y como es. De eso se trata al fin y al cabo, de respeto. A partir de hoy, sólo mostraré respeto hacia quien me demuestre tenerlo hacia mi familia, hacia mi, hacia Olivia.

2015-07-03 10.18.59

 

Sobreprotección, el Amor que Mata

Olivia es una niña feliz a la que le encanta ir a los jardines, a los columpios, estar a su aire en la playa, en el parque o en la calle.

Yo soy una madre feliz que la que le encanta verla corretear de un lado a otro, subir y bajar de los columpios, saltar por el parque o perseguir a las palomas. Todo eso me hace sentir muy feliz pero lo que más feliz me hace es verla acercarse a otros niños y jugar a su lado.

A Olivia le cuesta todavía mucho interactuar con otros niños y niñas porque es muy tímida y no se comunica todavía muy bien. Aunque trabajamos en ello, se le hace muy cuesta arriba comunicarse con niños de su edad al nivel necesario para entrar en una dinámica de juego, a no ser que éste sea muy sencillo.
Aún así, ella lo intenta cada vez que salimos a los jardines. Algunas veces, encuentra un amigo comprensivo al que no le importa que ella no le hable mucho o que se dedique a imitar su juego. Otras, el niño o la niña percibe algo “extraño” en su comportamiento y decide ignorarla. En estos casos me acerco, hablo con los dos y espero la pregunta de siempre: “¿cuántos años tiene?”
La mayoría de las veces, su curiosidad le lleva a hacer más preguntas como ¿qué le pasa?, ¿por qué no habla?, ¿por qué no sabe jugar a esto o aquello? o cualquier otra cosa que no les cuadre mucho en sus pequeñas cabecitas sobre el comportamiento de Olivia.

Hay ocasiones más complicadas en las que algunos niños la miran mal o incluso hablan entre ellos y se apartan de su lado. Curiosamente esto sólo ocurre cuando hay varios niños y nunca nos ha pasado cuando hay sólo un niño con ella. Antes, estas situaciones me hacían mucho daño pero ahora ya no gasto energía en estas cosas. Pienso que siempre habrá otro niño dispuesto a a jugar con ella y no le doy más vueltas.

En todo caso, creo que es necesario dejarla actuar por su cuenta. Por supuesto, siempre me mantengo atenta por si algún niño va más allá de una mirada o un “no juego contigo” o “no te presto mi juguete”. Estas situaciones ocurren a todos los niños, no sólo a ella.

¿Quién no ha escuchado como le decían “no quiero ser tu amigo” cuando era niño?

He presenciado situaciones que van más allá de la protección y que en vez de ayudar a los niños a conseguir un lugar entre sus iguales, han conseguido todo lo contrario, incluso han favorecido la discriminación y la condena a sentirse diferentes. La sobreproteccion es muy peligrosa.

Una madre me contaba hace no mucho una situación en la que su hijo se acercaba a jugar a un grupo de niños. Uno de estos niños le dijo a otro “no juegues con él, es tonto”. Esta madre, corrió hacia donde estaba su hijo, lo agarró y lo llevó hacia donde estaba ella sentada, puso sus juguetes a su lado y no volvió a dejarlo ir donde jugaban los demás. Le negó a su hijo la posibilidad de demostrar que ese chico estaba equivocado, anuló su voluntad al negarle el derecho a elegir qué hacer y dónde. Pero lo peor de todo: favoreció la discriminación.

Se que es doloroso vivir estas situaciones. Yo misma he vivido alguna parecida con Olivia y se que este no es el camino. Así no arreglamos nada.

Acércate al grupo, no recrimines y permite a tu hijo demostrar que puede jugar con ellos. Una sonrisa, una presentación chistosa y algún juguete, pueden hacer muy buen trabajo.

Guarda las distancias aunque no pierdas detalle y si ves algo que no te gusta, es normal que intervengas pero no condenes a tu hijo al destierro. Seguro que él por si mismo, acabará demostrando que es tan válido como el que más y al final conseguirá que muchos de esos niños (o todos) que lo miraban raro antes, ahora lo esperen cada tarde en la zona de juegos del parque.

Esta historia me hizo recordar que hace no muchos años años, aunque muchas familias escondían a sus hijos por vergüenza, otras lo hacían para protegerlos del daño que les pudiesen hacer los demás. La sobreprotección es muy peligrosa., es un amor que mata.

Mata a la libertad.
Mata a la voluntad.
Mata a la inclusión.
Mata a la calidad de vida.

No apartes a tu hijo, no lo disfraces de incapaz, no le niegues el derecho a ser quien es allí donde él quiera estar.

IMG_2117

Libertad de Expresión Pero no de Opresión.

Siempre he defendido la libertad de expresión. Cada cual tiene derecho a pensar y opinar sobre cualquier tema desde su particular y, a veces, peculiar perspectiva.

También defiendo el derecho a la individualidad, a ser uno mismo sin que nadie pueda atacar tu  manera única de ser o de ver la vida. Tienes derecho a ser quien y como eres y nadie puede limitar tus derechos en base a tu individualidad.

Sin embargo, a veces estos dos derechos se cruzan en el camino y el derecho a la individualidad es atropellado sin piedad mientras los atacantes se amparan en el derecho a la libertad de expresión.

Hace unos días leí una entrada en el blog “La Pequeña Silvia” en la que su autora, Ana Neira, daba su opinión sobre la injusticia que sufren muchas familias al verse acosadas y atacadas por la administración porque sus hijos han sido excluidos y maltratados en el aula y ellos han decidido ahorrarles ese dolor alejándolos del sistema educativo mientras se toman las medidas oportunas para garantizar su bienestar . Contaba la triste historia de Gloria, una niña como cualquier otra, con derecho a la individualidad y un diagnóstico que le dificulta estar sentada tranquilamente escuchando al profesor, relacionarse con sus compañeros y gestionar sus emociones en situaciones de estrés. Esta niña está en su casa a la espera de una solución por parte de la administración, mientras sus opresores siguen escolarizados sin sufrir ninguna consecuencia. Para leer el artículo completo, pincha aquí

Lo que me sorprendió tristemente fue el comentario de una lectora al final de la entrada. Era doloroso ver tanta insensibilidad en tan pocas lineas. La mujer que dejó aquel comentario tenía una falta total de sentido común, además de no tener empatía en absoluto. La autora del blog es amiga mía y compañera de trinchera en la lucha por la visibilidad del síndrome de Down y la plena inclusión de las personas con diversidad funcional. Le pregunté por qué no borraba aquel comentario y ella, que es más tolerante que yo y más sensata, me dijo que todos teníamos derecho a opinar, que ella creía en el derecho a la libertad de expresión.

Yo también creo en el derecho a la libertad de expresión pero tengo que reconocer que yo no he aprobado y he eliminado algunos comentarios que me han llegado sobre algunas entradas en este blog. Esto puede ser contradictorio, lo se, pero si los hubiese publicado habría permitido en cierto modo que se vulnerara el derecho a la individualidad de las personas como mi hija. Os aseguro que alguna vez he recibido comentarios muy desagradables en los que se decían cosas horribles sobre las personas con síndrome de Down. Si alguien quiere sacar sapos y culebras desde su teclado, desde luego no lo va  a hacer desde este espacio. Aquí todas las opiniones son bienvenidas siempre y cuando se hagan desde el respeto hacia la diversidad.

Dándole vueltas a toda esta historia, llegué a la siguiente conclusión: Yo defiendo la libertad de expresión, siempre y cuando no se utilice como arma para la opresión.

libertad

Juega Conmigo: Yo También Puedo, Dame la oportunidad de Demostrártelo.

Hace algunos meses, cansada de ver tanto juguete desordenado por toda la casa, decidí hacer aquello que mi madre llamaba “limpieza de trastos”.

En mi casa tenemos asimilado que tener tres hijos y una casa perfecta, son dos cosas totalmente incompatibles. Por mucho que los niños ordenen después de jugar, siempre estará ese caótico rincón de la casa dedicado al almacenamiento de juegos y juguetes para recordarnos que ya no recuperaremos nuestro espacio, al menos por mucho tiempo.

Aquel día me cansé, me desesperé, me enfadé y decidí hacer una selección de lo que ya no era necesario tener en aquel rincón del caos.

Empecé por los puzzles, juegos de mesa y cartas y descarté unos pocos por estar incompletos o rotos. También hice otra selección de juegos para donar porque habíamos acumulado muchos juegos educativos para Olivia que ya tenía superados y con los que ya no jugaba. Una vez agrupados y clasificados, formaban una torre enorme que me hacía sentir hasta vergüenza por el dineral invertido.

Entonces, apareció Roque con un Playmobil en la mano y me dijo:
–“Mami, este tíralo también porque está roto”.
Era un Playmobil de los ochenta que había heredado de su padre, muy bien cuidado por éste y no tanto por Roque. El pobre Playmobil no había soportado muy bien el paso del tiempo y los golpes de Roque y ahora tenía una pierna menos.

Me quedé mirándolo un minuto y en seguida vi que ese pequeño juguete maltratado tenía una gran lección que dar a mis hijos.

Miré a Roque y le dije:
–”¿Por qué dices que está roto?, sólo le falta una pierna”.
–“Porque no se pone de pié y no puedo jugar con él”.
–“¡Claro que puedes jugar con él! Imagina que a tí te faltara una pierna, una mano o una oreja, ¿crees que podrías jugar?”.
–“Si, con este pulgar todavía puedo jugar a la consola y además, ¡soy el campeón a la pata coja!”

Después de aquella contestación tan ocurrente, nos pusimos manos a la obra y buscamos entre todos los playmobils, aquellos que en su día se dieron por rotos y a los que ahora íbamos a dar una nueva oportunidad. Encontramos algunos sin brazos, otros sin piernas, algunos sin manos… También había un par de ellos a los que no le faltaba nada pero no se sostenían en pie.

Buscamos también alternativas para todos ellos, dejé que Roque me dijera lo que les pasaba y cómo podríamos ayudarles para integrarlos en la alfombra de juegos. Así fue como aquellos que no se mantenían en pie acabaron a caballo o en sillas que, aunque no eran de ruedas, la imaginación hacía que lo fuesen. No importaba que al vaquero le faltasen las manos porque con su voz y sus brazos, era tan capaz como el que más de manejar al ganado. Conseguimos que la familia que se fue de safari por Africa tuviese un jeep adaptado para el padre porque sólo tenía una pierna.
la foto 3

la foto 5

No es tan dificil dar lecciones de inclusión a nuestros hijos, no hace falta gastar dinero en los nuevos modelos del catálogo de Playmobil de muñecos con discapacidad. No penséis que no me alegra que haya compañías jugueteras que hagan esta labor de dar visibilidad a la diversidad, pero me entristece que no lo hagan de otras formas quizá más eficaces.

Podrían sacar en sus anuncios a niños de todo tipo de condición o adaptar algunos juegos y juguetes a aquel colectivo de niños que lo necesitan y que tienen el mismo derecho que los demás de disfrutar de un paseo en bici o a sentarse sin riesgo en un balancín, en un columpio o en una tabla de surf.

Por lo pronto, en esta casa ya no se tiran a la basura los muñecos a los que les falte una parte de su cuerpo, no abran los ojos, se les haya caído el pelo, etc… Todos son buenos compañeros de juego.

Roque ha aprendido una gran lección:

Todos podemos hacer las mismas cosas pero con diferentes estrategias, sólo hay que darnos la oportunidad y los medios adecuados para conseguirlo.