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Cuando se Agota la Paciencia, Desaparece la Diplomacia.

Hoy, por última vez en mi vida, me he tragado mis palabras, he escondido mi rabia y he mantenido la calma mientras daba una explicación edulcorada a una persona que me ha repetido aquello que he tenido que oir más veces de la cuenta.

Hoy, por última vez en mi vida, me he metido en casa y he tenido que soportar mi descomunal enfado conmigo misma por no haber respondido lo que realmente me pedía el alma.

Hoy por última vez, dejo que alguien que me daña con sus sentencias, se vaya a casa sin remordimientos y sin una buena paliza dialéctica.

Siempre agradecí mi carácter templado, la diplomacia heredada de mi padre, esa capacidad fuera de lo común de disimular y sonreir… Hoy no. Hoy he deseado ser más brusca y visceral.

Nunca más mantendré el tipo mientras alguien me dice que no he aceptado todavía el diagnóstico de mi hija, que no la acepto tal y como es o que estoy obsesionada con esto o con lo otro. Tanto su padre como yo, la aceptamos desde antes de nacer, nunca lloramos a una hija sustituida por aquella rubia linda que nos vino regalada con un diagnóstico y si lo hubiésemos hecho, habría sido algo natural ya que no todas las familias reaccionan igual ante la llegada de un hijo con diversidad funcional. Cada uno asume el diagnóstico y evoluciona como necesita o como puede.

Acepto el diagnóstico de Olivia, ella tiene Síndrome de Down y conozco bien sus dificultades y sus fortalezas. Lo que no acepto, me obsesiona y rechazo no es su diagnóstico sino lo que la sociedad le tiene preparado: un mundo paralelo, lleno de prejuicios, etiquetas y muros muy difíciles de derribar. Las personas con diversidad funcional se enfrentan al mundo en otro plano mucho más difícil. Parece haber una dimensión aparte creada para estas personas y esa es la razón de mi frustración y no otra.

¡Esto es lo que no asumo, no acepto y me obsesiona!

Mi hija es PERFECTA y la RESPETO tal y como es. De eso se trata al fin y al cabo, de respeto. A partir de hoy, sólo mostraré respeto hacia quien me demuestre tenerlo hacia mi familia, hacia mi, hacia Olivia.

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Sobreprotección, el Amor que Mata

Olivia es una niña feliz a la que le encanta ir a los jardines, a los columpios, estar a su aire en la playa, en el parque o en la calle.

Yo soy una madre feliz que la que le encanta verla corretear de un lado a otro, subir y bajar de los columpios, saltar por el parque o perseguir a las palomas. Todo eso me hace sentir muy feliz pero lo que más feliz me hace es verla acercarse a otros niños y jugar a su lado.

A Olivia le cuesta todavía mucho interactuar con otros niños y niñas porque es muy tímida y no se comunica todavía muy bien. Aunque trabajamos en ello, se le hace muy cuesta arriba comunicarse con niños de su edad al nivel necesario para entrar en una dinámica de juego, a no ser que éste sea muy sencillo.
Aún así, ella lo intenta cada vez que salimos a los jardines. Algunas veces, encuentra un amigo comprensivo al que no le importa que ella no le hable mucho o que se dedique a imitar su juego. Otras, el niño o la niña percibe algo “extraño” en su comportamiento y decide ignorarla. En estos casos me acerco, hablo con los dos y espero la pregunta de siempre: “¿cuántos años tiene?”
La mayoría de las veces, su curiosidad le lleva a hacer más preguntas como ¿qué le pasa?, ¿por qué no habla?, ¿por qué no sabe jugar a esto o aquello? o cualquier otra cosa que no les cuadre mucho en sus pequeñas cabecitas sobre el comportamiento de Olivia.

Hay ocasiones más complicadas en las que algunos niños la miran mal o incluso hablan entre ellos y se apartan de su lado. Curiosamente esto sólo ocurre cuando hay varios niños y nunca nos ha pasado cuando hay sólo un niño con ella. Antes, estas situaciones me hacían mucho daño pero ahora ya no gasto energía en estas cosas. Pienso que siempre habrá otro niño dispuesto a a jugar con ella y no le doy más vueltas.

En todo caso, creo que es necesario dejarla actuar por su cuenta. Por supuesto, siempre me mantengo atenta por si algún niño va más allá de una mirada o un “no juego contigo” o “no te presto mi juguete”. Estas situaciones ocurren a todos los niños, no sólo a ella.

¿Quién no ha escuchado como le decían “no quiero ser tu amigo” cuando era niño?

He presenciado situaciones que van más allá de la protección y que en vez de ayudar a los niños a conseguir un lugar entre sus iguales, han conseguido todo lo contrario, incluso han favorecido la discriminación y la condena a sentirse diferentes. La sobreproteccion es muy peligrosa.

Una madre me contaba hace no mucho una situación en la que su hijo se acercaba a jugar a un grupo de niños. Uno de estos niños le dijo a otro “no juegues con él, es tonto”. Esta madre, corrió hacia donde estaba su hijo, lo agarró y lo llevó hacia donde estaba ella sentada, puso sus juguetes a su lado y no volvió a dejarlo ir donde jugaban los demás. Le negó a su hijo la posibilidad de demostrar que ese chico estaba equivocado, anuló su voluntad al negarle el derecho a elegir qué hacer y dónde. Pero lo peor de todo: favoreció la discriminación.

Se que es doloroso vivir estas situaciones. Yo misma he vivido alguna parecida con Olivia y se que este no es el camino. Así no arreglamos nada.

Acércate al grupo, no recrimines y permite a tu hijo demostrar que puede jugar con ellos. Una sonrisa, una presentación chistosa y algún juguete, pueden hacer muy buen trabajo.

Guarda las distancias aunque no pierdas detalle y si ves algo que no te gusta, es normal que intervengas pero no condenes a tu hijo al destierro. Seguro que él por si mismo, acabará demostrando que es tan válido como el que más y al final conseguirá que muchos de esos niños (o todos) que lo miraban raro antes, ahora lo esperen cada tarde en la zona de juegos del parque.

Esta historia me hizo recordar que hace no muchos años años, aunque muchas familias escondían a sus hijos por vergüenza, otras lo hacían para protegerlos del daño que les pudiesen hacer los demás. La sobreprotección es muy peligrosa., es un amor que mata.

Mata a la libertad.
Mata a la voluntad.
Mata a la inclusión.
Mata a la calidad de vida.

No apartes a tu hijo, no lo disfraces de incapaz, no le niegues el derecho a ser quien es allí donde él quiera estar.

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Pensamientos Desde la Trinchera de la Diversidad

 

Después de seis años, puedo decir que ya tengo algún rodaje en el mundo de la diversidad funcional.
Tengo la impresión de haber evolucionado en estos seis años más de lo que hice en mis 38 años anteriores. Desde aquel veintiuno de julio de 2009, he vivido muchas experiencias de todo tipo que me han llevado a valorar y amar sentimientos como la fe y la esperanza como nunca antes había hecho.

También he descubierto que los límites de mi fortaleza y mi debilidad no dependen de mi, no los puedo medir ni controlar.
No soy la única. Somos muchas madres y padres de la diversidad que creemos en el mismo y único fin posible para este cuento y que nos caemos y volvemos a levantar con cada sacudida de su argumento .

Si me ves mal, no pienses que al fin he visto la realidad de mi hija con claridad. No pienses que asumo el triste final de su futuro. No pienses ni por un momento que tiré la toalla al ver que no va a ser capaz de llegar allí donde muchos ya tenían asumido desde su nacimiento que no lo haría.

Me hundo porque hay demasiada gente en el mundo que piensa y asume que mi hija es un ser deficiente.

Asumen que es deficiente y se le niega el derecho a tener una educación en igualdad de condiciones que sus hermanos. No comprenden que sus padres sufren por no poder darle las mismas oportunidades. Nosotros, los padres, también nos sentimos desprotegidos.

Asumen que es deficiente. Muchos piensan que no tiene derecho a disfrutar del ocio igual que sus hermanos y en algunos establecimientos se permiten la osadía de no permitirle realizar algunas actividades.

Asumen que es deficiente y cualquier excusa es válida para apartarla del grupo: no entiende, no sabe, no puede, no es capaz.

Asumen que es deficiente y, según ellos, yo tengo que asumir que uno de mis tres hijos no vale lo mismo a nivel institucional y social que los otros dos. Mi familia es deficiente, hay algo que falla en ella.

Por culpa de esta percepción deficiente, mi hija no es una persona sino un diagnóstico.

Gente así fue la que favoreció la segregación en E.E.U.U. No exixte diferencia entre “¡Negros No!” y el lema de “¡Discapacitados No!” que algunos hoteles, restaurantes, parques de atracciones y, lo que es todavía más doliente, algunos colegios, exhiben sin pudor alguno.

Nunca descansaré, nunca tiraré la toalla, nunca saldré de la trinchera con la bandera blanca… Nunca.
Caeré y me levantaré un millón de veces si hace falta porque esta rubia loca que me mueve a escribir desde la trinchera y todos los que van de su mano, necesitan muchas voces, teclados y rostros que luchen para que su futuro no sea el que ya algunos han escrito en el cuento sino uno mucho más feliz, amable y sobre todo, más humano.

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¿Qué es la Dislexia y Cómo Podemos Ayudar a Nuestro Hijo con Dislexia?

La palabra dislexia no era desconocida para mi. Una prima tres años menor que yo, fue diagnosticada cuando ella tenía ocho o nueve años. Siempre pensé que no debía de ser algo muy preocupante porque no era un diagnóstico que implicase discapacidad intelectual. Yo creía, como muchas personas, que la dislexia era un problema de procesamiento de la lectura y que, una vez encontrado el truco para redirigir ese procesamiento, habíamos ganado la batalla contra ella.

Hace unos días tuvimos que enfrentar este diagnóstico en casa. Tuve sentimientos encontrados, tengo que reconocerlo. Por una parte, es un alivio saber por fin cual es la causa de tanta frustración y de ese rechazo a la lectura y a todo lo que rodea: colegio, escritura, tareas… Por otra parte, sentí mucha preocupación porque me di cuenta de que no tenía ni idea de lo que suponía tener dislexia ni sabía como abordar el diagnóstico. Me acordé de mi querida prima y en menos de 24 horas nos dio toda la información que necesitábamos para entender lo que estaba sucediendo en la cabecita de Roque.

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Ella es una mujer impresionante, brillante, creativa, luchadora, sociable, sensible… es docente, docente del tipo que debería abundar más en las aulas. Precisamente se hizo docente para ayudar a otros niños que, como le pasó a ella siendo niña, sientan y crean firmemente que son menos que los demás porque luchan contracorriente en las aulas, no por ser menos sino porque su proceso de pensamiento no es el habitual y previsto en el sistema educativo.

Me dejó un tesoro que desde ese día tengo siempre cerca, un libro sobre dislexia escrito por un docente con dislexia. El libro se llama “El Don de la Dislexia” y, aunque es ya muy viejo, está descatalogado y algunos de sus términos están ya obsoletos, en esencia es una maravilla.

Ronald D. davis, autor del libro, expone que la dislexia ha sido considerada durante muchos años como una mera disfunción y que cuando los padres nos enfrentamos a este diagnóstico, pensamos que es un “problema leve” y de fácil solución pero en realidad, la dislexia no se soluciona, el disléxico lo será toda su vida y lo realmente devastador para mi, fue leer que sus dificultades asociadas han hecho que millones de niños pasen una infancia infeliz. Esto mismo me dijo mi prima y me habló de como se sentía en el aula cuando veía que la maestra mandaba a leer por orden de lista y tendría que leer en voz alta delante de toda la clase. Miraba el reloj y rezaba para que pasara el tiempo rápido, que no le tocara aquel día, que no tuvieran que escuchar su torpe voz de robot mientras lo hacía, que no le preguntase la maestra por lo que había leído… y es que el auténtico problema de la dislexia, es que se convierte en un grave problema de baja autoestima.

Fue justo por esa necesidad de retomar este problema y descubrir el lado positivo de la dislexia por lo que que Ronald D. Davis, disléxico además de un maravilloso escritor, decidió escribir el libro que cayó hace tres días en mis manos. Este libro me ha hecho evolucionar en tres días desde la preocupación a la felicidad y la tranquilidad de saber como procesa la cabecita de Roque la información que le llega del mundo que le rodea. Según el autor, la dislexia es una forma positiva de aprendizaje que algunos seres humanos poseen.

¿QUE ES LA DISLEXIA?

cuando escuchamos la palabra dislexia solo pensamos en los problemas de lectura, escritura, ortografía y matemáticas a los que los niños se enfrentan en la escuela. Muchos, entre los que yo me encontraba hasta hace unos días, lo asocian con cambios en el orden de las palabras y letras. Otros, con un aprendizaje lento y complicado. Casi todos lo asociamos con incapacidad o dificultad para aprender, pero esa dificultad es sólo un aspecto de la dislexia.
Pensando en todos aquellos famosos genios que tuvieron o tienen dislexia, podríamos pensar: “es sorprendente que hayan llegado a ser genios a pesar de ser disléxicos”. En realidad, su genialidad no fue a pesar de la dislexia, ¡sino gracias a ella!
Albert Einstein, Thomas A. Edison, Alexander Graham Bell, Leonardo Da Vinci, Walt Disney, George Patton, Wiston Churchill, Cher, Whoopi Goldberg, Tom Cruise, Greg Louganis, Jackie Stewart…

La misma capacidad mental que permite la genialidad, es la causa de los problemas. Esta capacidad mental es una habilidad natural, un talento escondido. Este talento hace que las personas con dislexia compartan estas habilidades básicas:
· Alteran o crean percepciones.
· Son altamente conscientes de su entorno.
· Son más curiosos que el promedio.
· Piensan más con imágenes que con palabras.
· Son muy intuitivos y perspicaces.
· Piensan y perciben multisensorialmente.
· Pueden experimentar el pensamiento como realidad.
· Tienen una gran imaginación.
Si estas cualidades no son destruidas por el proceso educativo, darán como resultado dos características: una inteligencia por encima de la media y una extraordinaria capacidad creativa.
¡Esto convierte a la dislexia en un DON y no en un problema!

la dislexia no es el resultado de un daño cerebral o neurológico, tampoco es causada por una malformación del cerebro, del oído interno o del globo ocular. La dislexia es un producto del pensamiento y una forma especial de reaccionar ante el sentimiento de confusión.

Las personas pensamos tanto en el modo verbal como en el no verbal. El verbal es lineal y sigue la estructura del lenguaje. Este pensamiento se produce casi a la misma velocidad que el habla. El pensamiento no verbal es pensar con imágenes mentales y este pensamiento es evolutivo; la imagen crece a medida que el proceso de pensamiento agrega más conceptos. El pensamiento no verbal es miles de veces más rápido que el verbal, es subliminal y está fuera de la conciencia.

Aunque pensamos de las dos formas, tendemos a especializarnos en una de ellas y utilizamos la otra como modo secundario. El pensador disléxico es potencialmente no verbal: es una persona que piensa en imágenes.
Las palabras que describen cosas o acciones reales, no causan problemas a los disléxicos (perro, flor, casa, comer, volar…). Sin embargo, para un pensador no verbal es imposible pensar con palabras que no se puedan sustituir por imágenes. Por ejemplo, aunque un niño con dislexia sepa como es la letra a o la y, no puede pensar con ellas porque no se pueden hacer una imagen mental de ellas. Cuando leen una a, una y o un el, al no poder comprenderlas más allá del reconocimiento de las propias letras, no pueden imaginar su significado.
Un pensador verbal sin embargo, alguien como tú o como yo, no tendremos ese problema porque crearemos una imagen del significado de la frase solo después de haber terminado de leerla. Aunque no sepamos el significado de estas palabras, no importará porque al leerla la hemos escuchado mentalmente.

Vamos a imaginar a un niño con dislexia leyendo: cada vez que el proceso de creación de imágenes se interrumpe (al encontrar una palabra imposible de trasladar a imagen), el niño experimenta un sentimiento de confusión porque la imagen que está componiendo se hace cada vez más incoherente. Empieza a ocupar subliminalmente los espacios en blanco (espacios incomprensibles para él) y sigue hacia delante gracias a un esfuerzo de concentración, pero solo consigue estar cada vez más confuso. Pronto alcanzará el umbral de la confusión. Llegados a este punto, el niño se desorienta y los símbolos, la lectura y la escritura, le resultan muy difíciles de utilizar.

La dislexia en acción:

Hay alrededor de 300 palabras en español que ocasionan problemas adicionales a los disléxicos. Son aquellas que están dentro del vocabulario hablado de forma cotidiana, de las que no se pueden crear imágenes mentales a partir de sus significados. Esto quiere decir que una persona con dislexia utiliza más de 300 palabras en su lenguaje, que no pueden utilizar en su pensamiento. Esas palabras (aparentemente las más sencillas)son los detonantes de su confusión y, por lo tanto, estímulos para sus síntomas de dislexia.
Estas palabras detonantes son de significado abstracto o con varios significados y hacen que las personas con dislexia tropiecen con ellas porque no representan objetos visuales o acciones. Podríamos decir que además de estas casi 300 palabras, cualquier palabra cuyo significado desconozca el niño con dislexia, podrá actuar como detonante.
Estas palabras generan automáticamente una imagen en blanco cuando se lee y corta el hilo de la historia que se lee. El grado de concentración de este niño con dislexia para poder sobrepasar una imagen en blanco, produce un efecto muy negativo.

cuando las desorientaciones comienzan a producir errores, el niño con dislexia se frustra. Alrededor de los nueve años, empieza a encontrar, imaginar y adoptar soluciones para ese problema y esto no es bueno. Los comportamientos que inventan ellos mismos no resuelven el problema, solo proporcionan un alivio temporal a su frustración. Estos métodos son el auténtico problema de aprendizaje. Esas muletillas de aprendizaje se transforman con rapidez en comportamientos compulsivos automáticos que podrían ser de estos tipos:

· Concentración profunda: esta es la peor de las soluciones que adoptan los niños con dislexia. Se concentran y comienzan a leer lenta y laboriosamente. La lectura se hace desagradable y penosa para ellos. No querrán leer por placer porque no existe placer en la concentración profunda. Prestar atención a algo interesante, es divertido. Sin embargo, concentrarse en algo que te ataca no resulta divertido.

· Hazlo para mí: para algunos, la solución mas sencilla es hacer que otras personas lean y escriban en vez de ellos.

Dime cómo lees y te diré si tienes dislexia:

Entre las mil maravillas que encierra este libro, hay algo que creo que es necesario que cualquier familia pueda ver para saber realmente cómo lee un niño con dislexia, qué sucede dentro de su cabeza y qué armas toma él mismo para intentar solucionar por su cuenta sus problemas con la lectura. Yo he hecho la prueba con Roque y es impresionante como su lectura es tal y como va explicando paso a paso el autor.

“Para un niño de diez años que piensa con los sonidos de las palabras, una frase sencilla, como la que a continuación presentamos, le sería fácil de leer.

El caballo marrón saltó sobre valla de piedra y corrió a través del prado.

Para el niño con dislexia de 10 años, la primera palabra, el, hizo que su mente se quedara en blanco porque no había una imagen para ella. Una imagen en blanco es la esencia de la confusión; nada de lo que experimenta la persona puede igualar la confusión que aquella ocasiona. Sin embargo, con un esfuerzo de concentración, el niño ignora esa imagen en blanco y dice “el” al tiempo que se obliga a pasar a la siguiente palabra.

La palabra caballo produce la imagen de un caballo, mientras sigue concentrándose, y pronuncia “caballo”.

La palabra marrón transforma la imagen del caballo en caballo de este color. Continúa su concentración y la palabra “marrón” es pronunciada.

La palabra saltó hace que el frontal del caballo marrón se eleve al aire. Sigue concentrándose mientras dice “saltó”.

La palabra sobre hace que la parte trasera del caballo marrón se eleve. Concentrándose todavía, dice “sobre”.

La siguiente palabra, la, provoca que la imagen se vuelva en blanco otra vez. La confusión del lector se ha incrementado, pero aun no ha llegado a su umbral de la confusión. Ahora debe redoblar su concentración para pasar a la siguiente palabra. Al hacer esto, es posible que omita o no omita decir “la”.

La siguiente palabra, valla, produce una imagen de valla de cualquier tipo. Con la concentración todavía redoblada, dice “valla”.

La palabra de detiene de nuevo el proceso de creación de la imagen. Es posible que se desoriente y no diga la palabra “de”.

La palabra piedra produce la imagen de una piedra. Con la concentración redoblada dice “piedra”.

La siguiente palabra, y, borra la imagen otra vez. Esta vez se ha llegado al umbral de la confusión, por lo que el niño se desorienta. El niño se detiene otra vez, más confundido que antes, doblemente concentrado y ahora además, desorientado. Para poder continuar, la única forma que tiene es incrementar sus esfuerzos de concentración. Pero ahora, como además está desorientado, percibiendo erróneamente, los síntomas disléxicos aparecerán. Es muy posible que omita decir la palabra “y”, o posiblemente lo sustituya por “un”, “una” o “el”. En este punto, ya no está adquiriendo una percepción correcta de los símbolos alfabéticos que están sobre la página.

A siguiente palabra, corrió, es alterada a la palabra corre porque ya está desorientado. Ve una imagen de él mismo corriendo; sin relación alguna con la imagen de aquel caballo suspendido en el aire. Luego dice “corre”.

Las palabras a través se alteran. Se ve a sí mismo atravesando la calle y dice “atravesó”.

La siguiente palabra, del, vuelve a poner su pantalla en blanco. El niño se detiene otra vez, cada vez más confundido y desorientado. Su único recurso es cuadruplicar su concentración. Al hacer esto, omite decir “del”.

Para la última palabra, prado, deberá rastrear cada letra, una por una, para poder pronunciarla lo hace y ve la imagen de un lugar lleno de hierba. Aun cuando esté desorientado por el esfuerzo y la energía extraordinarios que ha empleado para identificar y pronunciar cada letra, lo dice correctamente, “prado”.

Al completar esta sencilla frase, cierra el libro y lo deja a un lado. ¡Ya es suficiente!

Cuando le preguntamos qué fue lo que leyó, es muy probable que diga algo como “un lugar donde crece la hierba”. Tiene la imagen de un caballo suspendido en el aire, una valla de piedra, él cruzando la calle y un lugar lleno de hierba, pero no puede relacionar los elementos separados en la frase para poder formar la imagen mental de la escena descrita en el libro”.

Otros problemas de aprendizaje:

Los niños con dislexia también pueden tener dificultades en el aprendizaje de las matemáticas aunque estas e deben a que el método empleado para su aprendizaje no es el más acertado. En nuestro caso, Roque es muy bueno resolviendo operaciones o descifrando los planteamientos de los problemas matemáticos. Sin embargo, siempre había que leerle el problema o los enunciados de las actividades. Ahora ya sabemos cual era el problema pero si no lo hacíamos, era incapaz de plantear el problema o resolver la actividad. Además, es primordial que el niño conozca y domine estos conceptos básicos: tiempo, secuencia y orden. Una vez dominado esto, el conteo será perfecto y el aprendizaje de las matemáticas se transformará de esfuerzo penoso en materia agradable y atractiva.

Apoyos, adaptaciones y recursos necesarios en la escuela para un niño con dislexia:

Nosotros no tardamos en reunirnos con el equipo de orientación del colegio. Días antes habíamos trazado un plan de actuación en casa y en el colegio con la ayuda de terapeutas y docentes conocidos.

Sinceramente, pensé que nunca aceptarían en el colegio todas las estrategias y adaptaciones que creíamos necesarias pero fue toda una sorpresa ver que ya habían aprobado alguna de ellas sin haberlas propuesto. Os voy a detallar todo lo que se ha modificado para que Roque gane autoestima y trabaje eficientemente en casa y en el colegio para mejorar sus dificultades de aprendizaje.

Propuestas de intervención en las materias de lengua, matemáticas, naturales, sociales e inglés:

 Lengua:
− Refuerzo en el aula.
– Adaptar textos de comprensión lectora en los exámenes para que sean más cortos y      precisos y con preguntas más directas y concretas.
− Evitar que tenga que leer en voz alta delante de la clase. Esta actividad sólo supone un aumento de su nivel de estrés y no le ayuda a la adquisición de conocimientos, ni a la construcción de su autoestima ni a su integración en el aula. Se propone que lea en voz alta de manera individual, en la mesa de la maestra mientras los demás hacen otras cosas, o con la maestra de apoyo.
− Dictados: necesita una señal visual que le ayude a separar palabras. Esta ayuda podrá ir desapareciendo poco a poco.
− Adapar criterios de evaluación: restar importancia a las reglas ortográficas (b/v, h, g/j, c/s/z, acentos…) y dar más importancia a la comprensión lectora. Si ha sido capaz de entender las preguntas sobre un texto y escribir una respuesta coherente, no debe suspender por faltas de ortografía.
− Contar con maestra de apoyo en los exámenes para que le guíe y sirva de soporte.
Necesita trabajar vocabulario de forma fonética y manipular las palabras “detonantes”, por lo que le convendrá ir al aula de AL.
Matemáticas:
− Refuerzo en el aula.
− Permitirle utilizar los dedos o cualquier otro medio. Limitar los ejercicios de cálculo mental a niveles más sencillos por el momento.
− Contar con el apoyo de la maestra para que le lean de manera individual los enunciados de los problemas una vez lo haya hecho él, si no lo ha comprendido.
Dejar que realice dibujos de los enunciados para crear una imagen visual. Necesitará más tiempo en los exámenes.
− Adaptar los enunciados de los problemas en los exámenes a textos simples y con vocabulario conocido que se haya trabajado en clase.
− Apoyo en los exámenes para guía y soporte.
Naturales y Sociales:
− Necesita aprender técnicas de estudio: subrayar textos, sacar ideas claves, hacer esquemas y mapas conceptuales… Por lo que necesita asistir a PT para que le enseñen a hacerlo.
− Adaptar los criterios de evaluación restando importancia a reglas ortográficas y dando más importancia a los conocimientos adquiridos. Si ha sido capaz de responder adecuadamente a las preguntas del examen, no debe suspender por faltas de ortografía.
Inglés:
− Debemos aceptar que por el momento, no será capaz de enfrentarse al aprendizaje de una lengua extranjera. Se propone realizar un ACI ( adaptación curricular individualizada) con el propósito de determinar unos mínimos que pueda alcanzar. Evidentemente, la utilidad ce un ACI es dar la posibilidad al alumno de aprobar. Por ello es necesario adaptar los objetivos y los criterios de evaluación.

Todo esto tiene un objetivo muy claro: hay que potenciar las posibilidades de que el niño vaya consiguiendo más confianza en él mismo al ver que va mejorando. Hay que evitar el círculo vicioso de que por mucho que se esfuerce, nunca consigue nada porque las metas están demasiado altas.

Igualmente importante es elegir bien el material complementario para trabajar desde casa las dificultades de aprendizaje causadas por la dislexia. Este material de be ser lúdico-educativo, motivador, visual… Juegos de memoria, pequeños crucigramas y sopas de letras.

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Hay que conseguir que vea las palabras, la escritura y el lenguaje como algo divertido. Hay que quitar estrés a la palabra impresa porque ya dedica doble tiempo a las tareas y hay que seleccionar bien este material complementario.

 

Bibliografía:

– El Don de la Dislexia. Ronald D. Davis. Editorial: Editex

 

Libertad de Expresión Pero no de Opresión.

Siempre he defendido la libertad de expresión. Cada cual tiene derecho a pensar y opinar sobre cualquier tema desde su particular y, a veces, peculiar perspectiva.

También defiendo el derecho a la individualidad, a ser uno mismo sin que nadie pueda atacar tu  manera única de ser o de ver la vida. Tienes derecho a ser quien y como eres y nadie puede limitar tus derechos en base a tu individualidad.

Sin embargo, a veces estos dos derechos se cruzan en el camino y el derecho a la individualidad es atropellado sin piedad mientras los atacantes se amparan en el derecho a la libertad de expresión.

Hace unos días leí una entrada en el blog “La Pequeña Silvia” en la que su autora, Ana Neira, daba su opinión sobre la injusticia que sufren muchas familias al verse acosadas y atacadas por la administración porque sus hijos han sido excluidos y maltratados en el aula y ellos han decidido ahorrarles ese dolor alejándolos del sistema educativo mientras se toman las medidas oportunas para garantizar su bienestar . Contaba la triste historia de Gloria, una niña como cualquier otra, con derecho a la individualidad y un diagnóstico que le dificulta estar sentada tranquilamente escuchando al profesor, relacionarse con sus compañeros y gestionar sus emociones en situaciones de estrés. Esta niña está en su casa a la espera de una solución por parte de la administración, mientras sus opresores siguen escolarizados sin sufrir ninguna consecuencia. Para leer el artículo completo, pincha aquí

Lo que me sorprendió tristemente fue el comentario de una lectora al final de la entrada. Era doloroso ver tanta insensibilidad en tan pocas lineas. La mujer que dejó aquel comentario tenía una falta total de sentido común, además de no tener empatía en absoluto. La autora del blog es amiga mía y compañera de trinchera en la lucha por la visibilidad del síndrome de Down y la plena inclusión de las personas con diversidad funcional. Le pregunté por qué no borraba aquel comentario y ella, que es más tolerante que yo y más sensata, me dijo que todos teníamos derecho a opinar, que ella creía en el derecho a la libertad de expresión.

Yo también creo en el derecho a la libertad de expresión pero tengo que reconocer que yo no he aprobado y he eliminado algunos comentarios que me han llegado sobre algunas entradas en este blog. Esto puede ser contradictorio, lo se, pero si los hubiese publicado habría permitido en cierto modo que se vulnerara el derecho a la individualidad de las personas como mi hija. Os aseguro que alguna vez he recibido comentarios muy desagradables en los que se decían cosas horribles sobre las personas con síndrome de Down. Si alguien quiere sacar sapos y culebras desde su teclado, desde luego no lo va  a hacer desde este espacio. Aquí todas las opiniones son bienvenidas siempre y cuando se hagan desde el respeto hacia la diversidad.

Dándole vueltas a toda esta historia, llegué a la siguiente conclusión: Yo defiendo la libertad de expresión, siempre y cuando no se utilice como arma para la opresión.

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