Que tu miedo al futuro no marque su presente: Deja que tu hij@ disfrute del camino!

Hay un miedo que compartimos todos los padres de hijos con necesidades especiales. Desde el momento de su diagnóstico, nos preguntamos qué será de ellos cuando no estemos aquí. Yo ya no temo a ese día, gracias a Dios superé esa barrera que tanto daño me hacía y tanto me estresaba a la hora de educar a mi hija.

Al principio todo era una marcha contra el reloj, necesitaba correr para que pudiera enseñarle el máximo de cosas antes de dejarla “sola frente al mundo”. Fue tanta nuestra obsesión, que hubo un tiempo en el que todos los juguetes de Olivia eran educativos. Todo eran puzles, construcciones, cuentos, juegos de encajar formas, de enhebrar bolas, de enroscar piezas…

“Nuestra casa parecía un aula de atención temprana. Cada juguete educativo con el que estimulaban a mi hija en sus terapias, lo comprábamos para practicar en casa.”

Pensábamos que lo estábamos haciendo fenomenal. Nuestra hija se desarrollaba a un ritmo muy bueno y era una niña muy feliz. Pensábamos que lo estábamos haciendo bien pero en realidad nos estábamos equivocando. Hubo un acontecimiento que hizo que nuestra percepción cambiara.

Hace dos Navidades, los abuelos, cansados ya de escribir cartas a los reyes magos, nos preguntaron por cual juguete pedían en la carta para Olivia. Ese año ya se habían agotado todos los recursos educativos, así que les dijimos que le pidieran a los reyes magos un bebé de juguete. Lo dijimos con cierta desgana, dábamos por sentado que un bebé de juguete no era lo que necesitaba Olivia dentro de la dinámica de juegos que ella llevaba.

“Olivia es una niña muy agradecida y todo le parece bonito y juega con todo, pero ese día de reyes no lo olvidaré en mi vida.”

Cuando abrió el regalo de reyes en casa de los abuelos y vio a su bebé de juguete, se abrazó a él y lo empezó a besar y acunar, y no paraba de repetir: el bebé! el bebé!

Yo lloré como una Magdalena y me sentí la peor madre del mundo…

Ese día su padre y yo nos dimos cuenta de que había que frenar la marcha aunque eso no significaba pararla ni mucho menos. Olivia necesitaba como cualquier otra niña su juego libre y desordenado para desarrollarse plenamente.

En cuanto a nuestros miedos a qué será de ella cuando no estemos… Me di cuenta de que me estaba limitando y que al final todo sería igual estuviera asustada o no. Trabajamos en el camino para que Olivia se convierta en una persona independiente y vamos por buen camino. De hecho, puedo decir que es más autónoma que su hermano año y medio mayor que ella.

Además cuento con mis dos abanderados, sus hermanos, sus escuderos, esos que siempre están pendientes de ella cuando creen que yo no lo estoy, esos que la adoran y que, a veces, la entienden mejor que nosotros.

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